03012026. LA SINGULARIDAD. 05012026
03012026
Hoy es tres de enero de 2026. Son las
cinco de la tarde. Mi intención era empezar a escribir un relato para cumplir
con los deberes impuestos para la clase de escritura del miércoles 14. Pero
esta mañana, cuando puse la radio, me enteré de la agresión sufrida por el
pueblo de Venezuela por parte del ejército enviado por un auténtico imbécil
narcisista, completamente amoral, que ejerce el poder delegado por varias
decenas de millones de analfabetos e irresponsables de su país. Además, la
justificación, puramente económica según él mismo reconoce, era también detener
a otro pobre imbécil, manejado por una camarilla de fanáticos que sólo buscan
su bienestar. El resultado es el secuestro del tonto local, la destrucción de
parte de las infraestructuras del país y el asesinato de un número
indeterminado de militares y civiles venezolanos.
Mientras tanto, todavía ahora, la
adocenada unión europea calla, la cínica Rusia protesta y, del resto del mundo,
unos, los más, se callan, otros pocos lo denuncian y los menos lo aplauden,
como si mañana no pudiera tocarles a ellos. Vivimos tiempos convulsos, tiempos
peligrosos en los que asesinos como Trump, Putin o Netanyahu masacran, sin
miedo a represalias, Venezuela, Ucrania o Gaza, en los que fascistas inhumanos
expulsan a personas de sus, en muchas ocasiones, más que precarios lugares de
residencia, sin que nadie haga nada para subsanarlo. La pregunta sin respuesta es
¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie de estas pseudo democracias para
solucionarlo? Pocos motivos le quedan a uno para escribir algo ligero.
LA SINGULARIDAD
No recuerdo cuando nací. En realidad, no
recuerdo nacer. Tampoco cuanto tiempo llevo aquí. No, eso tampoco es así. El
tiempo no existe, así que no puedo recordar algo que no existe, pero que, creo,
en algún momento podría existir. Estoy
en un lugar, un espacio, en el que se acumulan los recuerdos de los futuros
posibles. No. No es así. No hay espacio. Aún no existe. Simplemente soy.
Simplemente estoy. Existo rodeado de millones, quizás billones, de otros entes
que no existen, pero que algún día podrían existir y permanezco en medio de una
oscuridad blanda, por la que puedo deslizarme sin moverme, sin sentir opresión
alguna, sin notar límites que me obliguen a ir hacia un lado u otro. Digo
oscuridad, pero en realidad no sé qué es eso. Es un concepto que asocio a algo
monocolor, sin saber muy bien qué es eso del color. Pero sé que existe ese
concepto y que en algún momento podré conocer y discernir sobre su existencia y
su posible variabilidad.
A mi alrededor todo se mueve y está
inmóvil a la vez. Todo fluye sin moverse, es una sensación muy extraña, aunque
no inquietante, porque, realmente, no hay nada que pueda fluir. No percibo la
existencia de otros entes. Ni siquiera percibo mi propia existencia como tal.
Solo sé que soy y que estoy. No sé qué soy. No sé qué significa estoy.
Un momento. ¿Qué es eso? Una extraña
singularidad aparece en un lugar. Se expande hacia mí. Hacia todos los lados.
Nace un espacio. Acaba de nacer el tiempo. Inesperadas partículas se disparan
en todas direcciones. Explotan millones de colores. Ah, ahora entiendo el
concepto. Parece que quieren ocupar mi espacio, pero no es así, no me oprimen,
simplemente me atraviesan y me dejan ocupar los enormes huecos que dejan entre
ellas y más allá, donde ellas no llegan ni, es posible, llegarán nunca.
Ahora observo con un poco de atención.
Oigo los sonidos que emiten. Uno graves, lentos, desplazándose perezosos por
millones de eones, unos sonidos profundos que llenan todo este nuevo espacio.
Otros son agudos, instantáneos, gritos de auxilio de cuerpos desesperados que
nacen y mueren en microsegundos de eternidad, diluyéndose en este enorme
espacio que la singularidad ha creado.
Cuerpos formados por la asociación de
millones de otros más pequeños, unos brillantes, que me hacen cosquillas (otra
nueva sensación) con la energía que emiten. Otros, mucho menores, que parecen
muertos, oscilando esclavos sin poder salirse de su monótona ruta. Aún no los
he visto todos. Cada instante me asombra con el nacimiento o la muerte de parte
de ellos; eso hace un poco más divertida mi existencia. Ojalá esta situación se
prolongue en el tiempo y consiga llenar más ese espacio que todavía está tan
vacío.
El espectáculo es divertido. Me apena no
poder encontrar a otro u otros como yo para poder compartirlo. Para poder
comentarlo. Últimamente noto una sensación extraña. El baile de todos esos
corpúsculos parece como que se está ralentizando. Ya no juegan a separarse,
cada vez se aproximan más unos a otros. Antes corría una ligera brisa que me
refrescaba. Ahora el calor aumenta y, aunque no experimento ninguna sensación,
parece que las partículas no lo pasan bien. Se arremolinan, chocan una con
otras y siento enormes explosiones de placer, un placer extraño, pero
vivificante.
Vuelve, poco a poco, la negrura y el
tiempo parece detenerse. Casi no queda especio. Apenas un puntito de luz donde
antes nació todo, donde comenzó el espectáculo. Otra vez solo. Sin nada. Pero
ahora tengo la esperanza de… ¿de qué? No recuerdo ya nada. Mínimos destellos de
luz negra me atacan con conceptos como tiempo, espacio, color, soledad, que van
diluyéndose y, ya no sé…, ¿hay alguien ahí?
05012026
Madre mía. Qué rápido pasa todo. ¿Dónde
están hoy todos esos infelices que aplaudían la agresión imperialista? ¿Dónde
están hoy todos los que aplaudían el secuestro del tonto útil? ¿Qué van a hacer
cuando les toque a ellos? Por cierto, una nota de color: hoy he vuelto a ver palomas
torcaces delante de mi casa.
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