INSOMNIO. PASADO, PRESENTE, FUTURO


 INSOMNIO. PASADO, PRESENTE, FUTURO 

Creo que está bastante difundido ese dicho de que “el diablo, cuando no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo”. También es sabido que la ociosidad aburrida libera la mente y es capaz de tener los más abstrusos pensamientos, cosas que jamás se nos ocurren cuando estamos ocupados en tareas diversas, con el pensamiento concentrado en lo que en ese momento estemos haciendo.

Algo parecido ocurre cuando, liberado de otras preocupaciones, el sueño nocturno se muestra remolón y nos obliga a pasar unos momentos dejando volar la imaginación, sin ocuparse de las miserias diarias, de los áticos, de las guerras, del precio de los alquileres, de las invasiones o de las otras muchas cosas que nos ocupan, e incluso preocupan, a lo largo del día.

Eso me ocurrió a mí una de estas noches. Me dio por pensar en el eclipse con el que esta temporada nos vienen bombardeando todos los medios de comunicación y que es centro de alguna que otra conversación o charleta con amigos, familiares y conocidos.

Es, además, la única posibilidad en mi vida en la que podré disfrutar (si el tiempo lo permite) en directo de un eclipse total de sol. Parcial ya he visto alguno, pero, evidentemente, no es lo mismo. Si el día está despejado a la hora del fenómeno, me dispongo a disfrutarlo armado con las lentes adecuadas, cámara de fotos, prismáticos y todo lo necesario para observarlo durante todo el proceso (casi dos horas) y los 100 segundos que durará, en mi situación, la oscuridad total.

De ahí pasé a las estrellas y planetas que serán visibles y lo lejanos que son en ambos casos, unos a millones de kilómetros, otras a decenas o miles de años luz, en todo caso cantidades inmensas que el común de los mortales encuentra difícil de digerir. Probablemente nadie piense que un año-luz son, aproximadamente, 10 billones de kilómetros, 10.000.000.000.000 km. Esa es la distancia que recorrería un avión que diese la vuelta a la Tierra 250 millones de veces. Cantidades inmensas, casi inaprensibles.

Otro salto más me llevó a las cantidades inmensamente pequeñas, a las partículas subatómicas. Otra categoría que nos parece inasible para la mente. Sé que un electrón mide algo así como una trillonésima de metro; ya, ya, tampoco parece algo tan pequeño dicho de esa manera, pero si lo escribimos en notación decimal, mide 0.000000000000000001 o 10-18 metros.  Caben mil billones de electrones en un milímetro, eso ya nos da una idea algo más asumible. Y aun hay partículas más pequeñas.

¿Quién puede trabajar con facilidad con esas cifras? Evidentemente los físicos con lo pequeño y los astrofísicos con lo enorme, aunque a algunos otros tampoco nos repugnan cifras desmesuradas. Yo soy geólogo. La Tierra tiene unos 4500 millones de años y la vida surgió en ella hace unos 4300 millones en forma de cianobacterias (simplificándolo) que miden unas 5 milésimas de milímetro, así que no me resulta raro hablar de millones de años. Los biólogos  también trabajan con cifras enormes por un lado y por el otro. Sólo a modo de ejemplo, un cuerpo humano tiene unos 35 billones de células, que de media miden unas 20 milésimas de milímetro (eso, de media, porque hay neuronas enormes, hasta un metro, pero son las menos).

Y nada, Morfeo sin llegar. El tiempo así parece hacerse eterno, pero es sólo una sensación. Todo esto pudo pasar en apenas unos minutos, incluso unos segundos. Empiezo a pensar en el tiempo, en el pasado, en el presente, en el futuro; no en lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá, sino en los conceptos. Un par de cosas están claras: el pasado es lo ya ocurrido y el futuro es lo que aún no lo ha llegado, pero ¿y el presente?. Teóricamente es lo que está ocurriendo, pero ¿donde ponemos sus límites? Si yo muevo un brazo, cojo una manzana y la muerdo, mover el brazo es pasado, coger la manzana es pasado, incluso llevármela a la boca y morderla tiene componentes pasados. El ahora apenas existe. Lo ocurrido hace una milésima de segundo ya es pasado, no es presente. El acto de alargar el brazo para coger una manzana tiene componentes de pasado y de futuro, pero no de presente.

Todo lo que oímos es pasado, lo mismo que lo que vemos, olemos, gustamos, tocamos o sentimos. Los microsegundos que el cerebro tarda en detectar lo transmitido por cualquiera de los sentidos ¿son suficientes para que el acto inicial sea ya algo del pasado?. Cuando vemos el sol y sentimos su calor, son la luz y el calor que en el pasado salieron de él y que, durante un infinitésimo de tiempo, son presente para nosotros.

Ahora miro por la ventana y veo moverse las ramas y las hojas del enorme nogal que se yergue delante de mi casa. Está apenas a cien metros; la velocidad de la luz es enorme, pero tiene que recorrer cien metros, así que lo que veo es pasado, pasado muy reciente, menos de un suspiro: el tránsito de la luz hasta mis ojos, el de los ojos al cerebro, más lo que tarde éste en procesar la información y decidir que la respuesta es: ramas y hojas de nogal mecidas por el viento; todo junto una nimiedad. Eso es lo que dura el presente frente al enorme pasado y el posible futuro: una nimiedad.

Este carecer de presente no es algo que agrade a nuestra mente. Por eso pensamos, en ocasiones, en vivir el hoy. En creer que el hoy, el día a día, es vivir el presente. Le damos una duración cuando hablamos del actual año, o mes, o semana, sin darnos cuenta que ese periodo, el que sea, es la suma de un pasado más la promesa de un futuro incierto y, cuanto más avanzamos en el hoy (semana, mes o año), más pasado acumulamos y menos tiempo de futuro nos queda.

¡Venga! ¿Qué pasa con ese sueño que tarda tanto en llegar?

 

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