TENDER PUENTES
PUENTES URBANOS
El primer asentamiento tuvo lugar hace ya muchos años, tantos que el hombre aun no sabía que se denominaba sapiens, ni lo barruntaba. Una agreste montaña defendía la tribu de los fríos vientos del norte, de ella manaba un arroyuelo que, unos cientos de metros más allá, desembocaba en un caudaloso río al que se acercaban a beber todo tipo de bestias, así que la provisión de carne estaba garantizada.
Pasaron los años, muchos, y el asentamiento primitivo dio paso a una aldea, ésta a una ciudadela que siguió creciendo hasta rebasar el límite del gran río. Al otro lado podía llegarse dando un pequeño rodeo, de unos pocos cientos de metros, pero el demonio de las prisas prendió en los corazones de los habitantes y, ni cortos ni perezosos, decidieron tender un puente que uniese ambas márgenes.
Según la RAE tender un puente, o tender puentes es una locución verbal que significa:
Crear conexiones entre personas o cosas, generalmente con fines de apoyo o comunicación. Ésta es una de las definiciones para la locución: puente, que puede verse en el diccionario citado. No importa que esté hecho de madera, metal, piedra o ladrillos. Incluso cuando es inmaterial y sólo refleja las buenas o malas intenciones de unas personas hacia otras o el simple afán de comunicación entre las mismas. Incluso, como canta Víctor Manuel, con fines bélicos: ...tender un puente, acorralar algún vecino en el supuesto que atacara el enemigo.
Y, ¿qué decir de esas cintas transportadoras que llevan mineral de un depósito hacia, por ejemplo, un camión o un barco? ¿No establecen un verdadero puente entre ambos? Aquí podría entrar otra opción: puentes unidireccionales o bidireccionales, o incluso multidireccionales
Cuando se llega a esos urbanos palacios del consumo que son los grandes almacenes o los parques temáticos, en los que siempre hay escaleras mecánicas o cintas rodantes, ¿no son éstas también puentes que comunican zonas o ambientes diferentes?
Es curiosa en ocasiones la ambigüedad con que las palabras establecen conexiones en nuestro cerebro, bueno, en algunos cerebros. Por ejemplo, el túnel que va de Francia a Inglaterra tiende puentes de comunicación y apoyo entre ambos países, pero, ¿es sólo un túnel o también un puente? Todo esto es muy confuso, o no, no sé.
Durante años un docente trata de tender puentes de comunicación con sus alumnos, puentes que las más de las veces son unidireccionales, incluso algunos de ellos ni siquiera llegan al extremo al que se dirigían. Otros, los menos, funcionan en dos direcciones, asimétricas eso sí: circulación más densa en una dirección y poquita en la otra, pero generalmente muy satisfactoria.
La conversación tranquila, sosegada, sin que nadie trate de imponer sus opiniones (siempre que sean respetables, que no todas lo son) es el más brillante, el más luminoso, generalmente el más fructífero, mecanismo para tender puentes entre personas. De esa naturaleza se está muy falto en las autollamadas sociedades civilizadas.
Nunca hubo tantos puentes y nunca fueron tan mal utilizados, nunca hubo tantas barreras que cortan los puentes, que impiden el normal paso de personas, cosas o ideas. Barreras físicas algunas. Las más, contaminando la razón desde los fanatismos religiosos, los fanatismos políticos, los fanatismos raciales, o de sexo, o de cultura, o de dinero y poder (estos dos últimos siempre de la mano).
Otros puentes escapan de nuestra imagen clásica de puente. Puentes discontinuos, casi invisibles, como el puente aéreo, que no es urbano, pero puede unir ciudades o países, que puede crear conexiones temporales entre personas, que puede actuar como cinta transportadora, como instrumento destructor, por si mismo o defecando artefactos explosivos; o el puente de la nariz humana, sostenedor incansable de aparatos ópticos si fueran precisos.
Los acueductos, los viaductos, los toboganes, los oleoductos, los gaseoductos, ¿qué son sino puentes de uso específico?. Un puente fluvial ¿es solo aquel que nos permite vadear un río? o puede serlo también el propio cauce de agua que une dos zonas separadas, tendiendo un puente acuático transitable entre su nacimiento y su desembocadura.
¡Qué pena que no hubiese firmado R. Zapatero! Nunca se hubieran metido con él.
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