12/03/2026
12/03/2026
Tras haberse recuperado de las guerras que asolaron la primera mitad de siglo XX, uno podría pensar que la raza humana recuperaría algo de sensatez y, por fin, entraría en sus duras cabezotas que la única manera de subsistir y poder convivir en paz era así precisamente, en paz, respetando unas normas básicas de convivencia. Normas muy sencillas. Estaban escritas hacía muchos años, en 1948, en un documento que sus ilusos redactores denominaron “Declaración universal de los derechos humanos”, treinta artículos que nunca fueron cumplidos en su totalidad por ninguno de los países firmantes, unos más, otros menos, pero nunca todos.
Sólo había que añadir, para actualizarla, media docena de puntos referidos a la conservación y respeto a la naturaleza y al uso ponderado de los recursos de la Tierra. No pudo ser. Y así estamos ahora, a las puertas de otra catástrofe global. Nos merecemos todo lo que nos pase.
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