ARQUITECTURA TOTAL
ARQUITECTURA TOTAL
No hace falta que me presente. A pesar del tiempo transcurrido, en cualquier zona, a cualquier persona, bueno casi a cualquiera, que preguntéis por mí, os darán razón de mi obra, incluso os indicarán donde podríais visitar alguno de los muchos lugares con figuras erigidas en mi honor, monumentos de todo tipo, grandes, pequeños, lujosos, sencillos, aislados o en medio de grandes concentraciones de población. De todo hay.
Habían pasado ya nueve años desde que se puso la primera piedra y aún no me habían llamado para indicarme cuál era mi parcela. Por supuesto no quiere decir que yo estuviera ocioso todo ese tiempo, claro que no. Sabía que tarde o temprano me tocaría. Cuando, por fin, llegó el momento, tarde según se mire, pero llegó, tenía ya perfectamente claro lo que quería, pero lo que no sabía era si podría llevar a cabo toda mi idea inicial.
Como cualquier proyecto de edificación total, dependía de un buen número de factores, algunos de ellos imponderables. Por eso, en el tiempo de espera, pergeñé distintas opciones. Realicé un montón de planos para cada posibilidad, un montón de distribuciones de los espacios, un montón..., un montón de todo. Tiempo no me faltó.
Tuve suerte en el sorteo de parcelas. Mucha suerte. Las condiciones para el trabajo de construcción, si bien no eran óptimas, eran muy buenas. Después de realizar los ajustes necesarios sobre el desarrollo de las obras, la organización del tiempo de las distintas fases, los diferentes tipos de materiales, la distribución de espacios verdes, zonas de recreo, habitats para los distintos tipos de inquilinos, etcétera, empezamos.
En los primeros seis meses se realizó un pormenorizado estudio de los terrenos, las características y las propiedades de los mismos. Lo siguiente fue organizar la distribución y canalización del agua. Todo buen arquitecto debe tener buenos conocimientos de ingeniería y, como es bien sabido, el agua, si bien imprescindible para muchas fases, es la gran enemiga de muchas estructuras.
Para que comprendais mejor el proceso he tenido que hacer un pequeño ajuste temporal que no afecta para nada al resultado. Han pasado cuarenta años desde aquellos primeros principios. Estoy razonablemente satisfecho del resultado actual. Ah, se me olvidaba decir que todo el complejo se disfruta por los inquilinos en régimen de alquiler, lo que origina algunas disfunciones en lo que al reparto de espacios se refiere, pero, hasta ahora, los problemas se han solucionado con tranquilidad y paciencia.
Los habitáculos fueron ocupándose mientras la obra se realizaba. El plan primigenio era ese: construir, habitar y edificar nuevas viviendas, nuevos tipos de entornos, en función de las necesidades, siempre cambiantes por otra parte. Desde construcciones verticales, tipo colmena, hasta desarrollos horizontales, que ocupan mucho más espacio para unos pocos privilegiados, zonas más húmedas, zonas mas secas, zonas de mayor o menor insolación, ambientes boscosos o no, en fin, un sinnúmero de opciones. Todo solucionado con mayor o menor acierto, pero, en general, bien.
Cómo pasa el tiempo. Los años se transforman en siglos y los siglos en milenios. Hace tres meses llegaron nuevos inquilinos. Maldita sea la hora en que los admití en el complejo. Me lo están estropeando todo. En las últimas dos semanas han cambiado, deformado, trastocado, destruido gran parte de la, hasta ahora, estable comunidad. Y no atienden a razones. Da igual que se les regañe o se les avise de las consecuencias; algunos, por imprudencias suyas, se accidentan, incluso se matan, surgen peleas por doquier, por un quítame allá esas pajas. Así que los dejo por imposibles. En un último intento, voy a mandarles a uno de mis hijos más despiertos a ver si le hacen algo de caso. Hala, vete a dar una vueltecita por la finca y ponme un poco de orden Azazel.
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