MXX2555
MXX2555
El día que nací yo reinaba Plutón en los días del carnero. Esto, por si mismo, no tiene importancia alguna. No sé cuantos tiernos infantes nacerían en el mundo ese día, mes y año. En España aproximadamente lo hicieron 1625 personitas. En aquel año España tenia 29 millones de ciudadanos y el mundo estaba habitado por 2800 millones de personas; haciendo una simple cuenta, ese día nacerían unas 157000 criaturas humanas. Según las fantasiosas creencias de la secta de los seguidores de horóscopos y demás zarandajas, todas ellas estarán benditas (o malditas) en el amor, la salud y el dinero o en ninguna de esas tres cosas. Sí que es fácil aventurar algunas posibilidades. La mitad, o algo más serían chicas y el resto chicos, o no, vaya usted a saber con los cánones actuales.
Sería mucho más raro que una parte de ellos se dedicase a la geología y, más raro aún, que alguno se llamase Lope. Pero sí que hay una cierta casualidad. Como antes dije, el planeta reinante era Plutón, que el pobre a decaído de esa categoría por mor de no se qué requisitos astronómicos. En mi vida como investigador la mayor tiempo de mi dedicación ha sido referente al estudio del comportamiento de rocas plutónicas, sobre las que realicé mi tesis de licenciatura, mi tesis doctoral y muchos otros trabajos de investigación, incluso mi última publicación científica es sobre algunas de ellas. ¿Destino, casualidad o nada de eso?. ¡Qué más da!
Voy con algunos hechos notables. Lo más curioso que he encontrado tras exhaustivas búsquedas en gugel, guikipedia y demás es que se estrenó la película “Semilla de maldad”, protagonizada por Glenn Ford y un muy jovencito Sidney Poitier. Rollo tipo instituto americano (USA): profe duro (exmilitar) rapaces gamberretes y así. El modelo sigue todavía de actualidad. Lo mejor de la película es parte de su banda sonora: Bill Haley y los Comets interpretando “Rock Around de clock”, maravilla donde las haya del rock más tempranero.
Otra curiosidad de aquellos tiempos era el precio del dolar estadounidense: uno podía comprarse por ¡diez pesetas y noventa y cinco céntimos!. Imaginaos si pudiera viajar en el tiempo, volver al día de mi nacimiento (del que por supuesto no recuerdo nada) y susurrar a mis padres: comprad todos los dólares que podáis y guardadlos hasta el 2025. Bah, seguro que no merecería la pena, pudieron disfrutar de su dinero allí, en aquel entonces, aunque, está claro, que con mi intrusión en sus vidas les quedó menos liquidez para caprichos. Es su culpa. Yo no lo pedí.
Ese día, en la prensa internacional, se agravó la escalada en la guerra fría ya que los medios reportaron la reciente “formación de un mando único para las fuerzas armadas de los países comunistas de Europa oriental, marcando los movimientos estratégicos que antecedieron al Pacto de Varsovia” (sic). Ya, pues muy bien, pero a mí eso me dejó frío, vamos que me importó un bledo, no estaba yo para esas zarandajas y, supongo, que me dedicaría a lo básico: berrear algo, comer y expulsar los residuos y dormir.
También el la misma fecha, el Boletín Oficial del Estado, entre otras cosas, publicó la aprobación del reglamento de epizootias, sea eso lo que sea, que ya lo buscaré después, un tochazo de LIX capítulos en 31 páginas a doble columna y letra menuda, cuya lectura es muy recomendable en caso de suprema desesperación marcada por ansias vivas de no despertar jamás.
Por cierto, ya busqué lo que es una epizootia. Es, ni más ni menos, que “la propagación rápida y generalizada de una enfermedad infecciosa o parasitaria entre animales en una región específica”. Lo que viene siendo una epidemia en humanos, que, no sé por qué me da, no está tan regulada como para el resto de animales, a la vista de que bastante tiempo después del encierro COVID, los tribunales lo declararon ilegal. Cosas veredes que han de perturbarte la razón.
En fin, que ni recuerdo nada más ni he topado con otra cosa alguna que merezca reseña. Eso sí, recordad que ese día de todos los años es mi cumple y que admito óbolos, presentes, donaciones o lo que vuesas mercedes tuvieran a bien, incluso joyas zapateriles, de las que ya sabría yo dar buen uso y cuenta de ellas. Queden en paz y disfruten de la canícula que sufrimos y con la que continuamente nos aterrorizan. Salud.
Comentarios
Publicar un comentario