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CIUDAD PASTICHE

  CIUDAD PASTICHE Este es un difícil ejerc i cio. Construir una ciudad ideal a base de seleccionar trozos de otras ya existentes. Cuando sólo te gustan las ciudades cómodas, aquellas que pueden ser caminadas y en las que la superpoblación no da lugar a atascos, empujones y agobios, hace que se descarten todas las grandes urbes. Mi límite estaría, por arriba, entre los 200.000 y 300.000 habitantes. El límite inferior es aún más difícil; a pesar de reconocer que localidades  razonablemente pequeñas, de  entre 5.000 y 10.000 vecinos pueden ser tentadoras, a mí se me quedan escasas; eso de que todo el mundo conozca a todo el mundo estaría bien entre personas civilizadas, cualidad ésta que, cuanto más reducido es el grupo, más trabajo cuesta mantener .  Así que pondré el intervalo inferior entre 50.000y 100.000 ciudadanos. Y ahora a montar el puzle. Primero: imprescindible un buen paseo marítimo, por supuesto razonablemente llano. Podría ser  el de Gijón o  el...

CAMPO DE BATALLA

  CAMPO DE BATALLA             No quisiera empezar transcendente, pero el primer campo de batalla es tan antiguo como el nacimiento de la VIDA. Así, con mayúsculas. Esa primera afortunada (o desafortunada, según se mire) combinación de átomos en moléculas y de éstas organizándose como vida para luchar contra el entorno, crecer, desarrollarse, evolucionar y llegar a donde hoy estamos todos los seres vivos.             Y no hacen falta enormes guerras, ni pequeñas, para batallar en el día a día. Vivas donde vivas, hagas lo que hagas, grandes o mínimas escaramuzas obligan a no bajar la guardia, salvo que seas un budista zen cuya única meta es alcanzar el nirvana y, así y todo, algún conflicto tendrás para no lograrlo a la voz de ya.             En todos los campos de batalla hay vencedores y vencidos, incluso los med...

03012026. LA SINGULARIDAD. 05012026

  03012026 Hoy es tres de enero de 2026. Son las cinco de la tarde. Mi intención era empezar a escribir un relato para cumplir con los deberes impuestos para la clase de escritura del miércoles 14. Pero esta mañana, cuando puse la radio, me enteré de la agresión sufrida por el pueblo de Venezuela por parte del ejército enviado por un auténtico imbécil narcisista, completamente amoral, que ejerce el poder delegado por varias decenas de millones de analfabetos e irresponsables de su país. Además, la justificación, puramente económica según él mismo reconoce, era también detener a otro pobre imbécil, manejado por una camarilla de fanáticos que sólo buscan su bienestar. El resultado es el secuestro del tonto local, la destrucción de parte de las infraestructuras del país y el asesinato de un número indeterminado de militares y civiles venezolanos. Mientras tanto, todavía ahora, la adocenada unión europea calla, la cínica Rusia protesta y, del resto del mundo, unos, los más, se call...

CALLE DE URÍA

  CALLE DE URÍA             La calle de Uría en Oviedo discurre desde la estación del ferrocarril, denominada estación del norte, donde finaliza, hasta la calle del rey Fruela (no ese que fue muerto a garras de oso, que se llamaba Favila, otra calle de Oviedo) donde, históricamente, tiene su inicio. Nunca supe yo ni de la antigüedad de dicha calle ni a quién debe su nombre. Respecto a lo primero ahora sé que fue proyectada a finales del siglo XIX con la finalidad de unir el centro de la ciudad con la citada estación ferroviaria y finalizada en 1880, tras la gran polémica social causada por el derribo, en 1879, del mítico roble llamado “El Carbayón”. Cuentas las crónicas frívolas sensacionalistas de aquella época que, mientras la heroica ciudad dormía la siesta, a la sombra de tamaño árbol rumiaba sus cuitas Ana Ozores, mientras que, por la otra margen de la calle en obras, paseaban, disimulando, el magistral Fermín de Pas y e...

VENECIA

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  VENECIA. TURNER En 1835 Turner pintó parte de Venecia en una de sus paradas del viaje que realizó en aquella época por Europa. No es que se dedicase a pintar Venecia armado de escalera, brocha, rodillo y cubo de pintura, no, me refiero a que pintó un cuadro de Venecia en el que, dicho sea en honor a la verdad, tampoco se mató mucho en representar la ciudad. Lo primero que llama la atención es la escasa cantidad de turistas que es posible adivinar en el lienzo, quizás alguno en góndola y, posiblemente, algún otro u otros delante del pórtico de la iglesia que se medio ve a la derecha en primer plano. Eso sí, barcos de diversos tamaños y porte se observan en lo que, según san gugel, es la perspectiva del gran canal que ocupa el tercio inferior de la imagen, amén de las consabidas, y ya citadas, góndolas. Un cielo azul casi tapado de nubes blancas arañadas por un viento que no se sabe muy bien si las arrastra hacia la mar o las trae de ella (a mí me parece lo segundo) cubre l...

ELEI (LOS ÁNGELES)

                                                             ELEI (LOS ÁNGELES) Históricamente las ciudades siempre se han divido en, al menos, dos zonas bien diferenciadas: la zona rica (donde viven las clases acomodadas y donde se ubican las sedes de los grandes bancos y empresas de lujo) y el resto. Ese resto puede estar, o no, a su vez subdividido en dos o más zonas. No es el caso de este LA. Los barrios ricos lo son hasta el hartazgo, los edificios se elevan impolutos hacia el cielo; los aerotaxis y los vehículos privados hacen traviesas circunvalaciones esquivándolos, mientras que a nivel de calle, realmente no hay calles, hay extensas avenidas, descomunales plazas donde se solazan los residentes. Luego está el otro LA. También hay torres enormes, con panorámicas fachadas de vidrio que anuncian desde un champú hasta un android...

FRÌO

  FRÌO             Una casona antigua en un paisaje yermo, vacío, un páramo en el que los vientos, viniesen de donde viniesen, chocaban como queriendo arrancarlo de la llanura sobre la que se aposentaba. La reserva me la habían hecho desde la oficina. Les pedí un lugar tranquilo, lejos de los ruidos de la ciudad, pero cerca de ella. Acertaron de pleno. En coche apenas se tardaban 15 minutos por una carretera recta como la afilada hoja de una navaja de afeitar. Tranquilidad absoluta, excepto por el suave gemir de las hojas de los chopos que abrazaban la que, otrora, hubo de ser casa solariega o pabellón de caza de algún gentilhombre de la ciudad cercana. La luna sacaba vacilantes sombras de las atormentadas ramas de los chopos que, como dedos sarmentosos, señalaban las matas de romero, escobas y cardos de aquel desolado lugar.             Dadas las fechas, el otoño agoni...